historia

El Manuel d'Alzon

Junto con la Iglesia Nuestra Señora de las Mercedes, “en 1915 pasó a poder nuestro” el asilo comprado con fondos aportados por la señora de Anchorena, escribe el P. Blachère.

En el terreno que ocupaba el Asilo San José, los religiosos decidieron construir una escuela que, teniendo en cuenta la extrema pobreza del barrio, pensaban que tendría que ser gratuita. Sin embargo, faltos de recursos como estaban ellos mismos, no se sentían en condiciones de desechar la idea de hacerla arancelada. ¿Cómo hacer para no dejar a estos pobres niños sin la educación indispensable? Como hombres de fe, la respuesta fueron a pedírsela a la Madre de Jesús, y prometieron “comenzar inmediatamente la Gruta de Lourdes, si antes del 24 de septiembre la Virgen nos enviaba una suma suficiente para abrir la escuela”. El P. Silbermann propuso que la promesa respecto de la gratuidad de la escuela llevara también, con la de comenzar los trabajos de la Gruta, la de levantar una residencia definitiva en Santos Lugares. “Se redactó la promesa, la firmaron todos los religiosos y se la colocó a los pies de la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes.

El 12 de septiembre, el P. Román recibía un legado de cinco mil pesos y el 14 se enteraba que el Jockey Club, a instancias de la señora [Magdalena Cantilo] de Bulrrich, se disponía a votar una subvención mensual de doscientos pesos a favor de la escuela”; aunque después, “en realidad, solamente dio cien”.



Un hombre visionario

La escuela fue fundada en 1916 por el P. Román Heitman, quien pensaba -igual que toda la comunidad- que en el Bajo Belgrano se necesitaba un establecimiento “donde se pudiera nutrir la mente y el alma de los niños con el saber y el conocimiento de las verdades divinas”. En testimonio de fidelidad al Fundador de la Congregación, se llamaría Colegio Manuel d’Alzon; comenzó a funcionar el 8 de marzo de 1916 con 197 alumnos y desarrolló sus primeras actividades bajo la dirección del señor Miguel Vilar, al que sucedió en 1919 la señora Nicolina U. de Cafforio, con “un grupo de maestras entusiastas que realizaron con verdadero fervor una tarea llena de sacrificios, pero con excelentes resultados”. La sucedió Margarita Piazza, que antes había sido maestra jardinera y de grado, y que después de jubilarse siguió colaborando ad honorem como administradora de la escuela.

El 21 de junio de 1938, se bendijeron las nuevas aulas que la señora Florinda M. de Cardinali hizo levantar sobre la calle Juramento, para responder más adecuadamente a las necesidades que la expansión del colegio planteaba a maestras y alumnos.

Las clases se daban en una casa que se hallaba en el actual descanso de los peregrinos, recostada sobre lo que es el jardín de la casa de los religiosos. Mas, al cumplirse la primera etapa de enseñanza y cuando un nuevo contingente de alumnos hizo su aparición en las aulas, éstas resultaron pequeñas para contenerlos, y entonces fue necesario buscar el medio de conciliar el aumento progresivo del alumnado con el de un local apropiado para la enseñanza. De la primitiva casa se trasladó a un edificio propio, construido gracias a la ayuda de bienhechores que apreciaron el valor de la obra. Este segundo edificio es el actual Ateneo P. Antonio Silbermann; pero, sobre lo que fue su patio de recreo, se levanta actualmente el Ateneo Manuel d’Alzon.

“Grandes dificultades surgieron en ello, pero felizmente fueron conjuradas, gracias a la generosidad del señor Pedro Martín, quien, en calidad de préstamo y sin poner en ello más cláusula que su desinterés, prestó el dinero necesario para adquirir el local”.

Extracto tomado del libro:
“Los Asuncionistas en la Argentina (1910 – 2000)”
Padre Roberto Favre a.a.


El San Román

La obra educativa asuncionista emprendida en Belgrano no terminó en la escuela. En abril de 1928, “se creó la Academia San Martín, que inició sus actividades con unos cursos dedicados especialmente a los numerosos vareadores del barrio [cercano al hipódromo], a los que se les impartía instrucción elemental de aritmética, lenguaje, historia, matemáticas”; su primera directora y alma máter de los tiempos iniciales fue la señorita Rosa Méndez Anzola, una ex alumna de la Academia Santa Teresita, de nacionalidad uruguaya, que unía en su corazón generoso la doble y grande vocación de educadora y de apóstol.

En efecto, en los primeros años de la Parroquia de las Mercedes, el P. Francisco de Paula Blachère había dado impulso a la Academia San Martín, una escuela nocturna para adultos, cuyo objetivo era el de acercar a estas personas a la Iglesia y ofrecerles esa educación que las circunstancias de la vida les habían negado. Los alumnos, en su mayoría peones de las caballerizas vecinas, muchas veces se peleaban entre ellos, hasta el punto de tener que darse intervención a la policía. Sin embargo, gracias a la obra educativa y de cristianización del ambiente, las cosas fueron cambiando, se pudo quitar de la oficina de la dirección el letrerito que decía “sea educado, sáquese el sombrero”, los más reacios aprendían a rezar y perdían el respeto humano si entraban a la iglesia.

Extracto tomado del libro:
“Los Asuncionistas en la Argentina (1910 – 2000)”
Padre Roberto Favre a.a.


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