El Club San Román

Ricardo Damián “Toti” Crosta

Derivada de aquel primer colegio “Manuel D’Alzón” que el P. Román Heithmann A.A. fundara en Belgrano en 1916, la denominada “Obra San Román” fue complementando esa iniciativa en pasos sucesivos, siempre respondiendo a las  necesidades y movilidad social de los habitantes de un barrio que crecía a pasos agigantados.

En marzo de 1932 nace la Academia San Martín, nocturna y destinada a aquellos alumnos de 18 a 50 años que no hubiesen cumplimentado su formación primaria.

El 9 de agosto de ese mismo año se funda el Club San Román, concebido como una “gigantesca red para pescar almas”, según el P. Román y que luego se convertiría en la usina generadora de los directivos que continuarían conduciendo la Obra.
El 28 de febrero de 1933 se edita el primer número de “Adelante”, imaginado como órgano informativo de las actividades de las academias y del Club.

El 9 de agosto de 1933 inicia sus actividades la Academia Comercial Gratuita San Román, en la cual los jóvenes del barrio tendrían la oportunidad de aprender Teneduría de libros, Dactilografía, Taquigrafía, inglés, etc., pudiendo así acceder a mejores trabajos.

En 1941 fallece el P. Román y, en 1942, Rosa Méndez Alzola se retira de su cargo de Directora y regresa a su Montevideo natal.

Muchos de aquellos jóvenes que se habían acercado al Club sabían lo que luego sería común a los alumnos del San Román, “formarse haciendo”, asumiendo responsabilidades. Y no dudaron en tomar la conducción de la Obra San Román a su cargo.

Habían aprendido en la práctica diaria de solucionar los problemas propios de una institución en crecimiento y pobre en recursos; además recibido el espíritu originado en la recomendación que el P. Román diera a Méndez Alzola cuando fundó el Club: “ya tampoco tendrás para ti ni sábados ni domingos…”.

Esa frase se hizo carne  especialmente en quienes fueron primero directivos del Club y luego directores, maestros y profesores de las Academias, los cuales, contando con la confianza y el apoyo de los Asuncionistas,  fueron capaces de logros como:

  • Gestionar la Obra sin detener su marcha, inclusive cuando la expropiación de los bienes del Jockey Club hizo que cesara la importante colaboración económica mensual que los socios de dicho Club aportaban.

  • Erigir, con fondos reunidos por los socios del Club y aportes vecinales, la estatua en bronce del P. Román.

  • Construir, con fondos reunidos por profesores, socios del Club y alumnos de las Academias San Martín y San Román, el Cine y Salón de Actos que, hasta su destrucción  por incendio, estuvo ubicado en parte del espacio que hoy ocupa el nivel primario.

  • Fundar, en 1955, el tan ansiado nivel medio, a través del cual los jóvenes del barrio podrían continuar sus estudios y cursar  la universidad, cerrando el círculo virtuoso que el P. Román iniciara en 1916.

  • Acompañar el crecimiento de la matrícula con mayor infraestructura: nuevas aulas y laboratorios; patio cubierto; gimnasio cubierto; cabaña en Bariloche, etc.etc.

Por supuesto que muchas de estas obras contaron con las importantes contribuciones de la Fundación Tognoni, de la Asociación de Padres de Familia y de algunas familias generosas.

Conservando la actitud, la pasión y el espíritu de esos prohombres romanenses, muchos que fuimos sus alumnos nos  incorporamos a la tarea tanto del Colegio como del Club, que en 1961 se transformó en el “Club Juvenil San Román”, reservado a los alumnos regulares del nivel medio y conservando como asociados a quienes estaban registrados como tales a esa fecha.
Cuando entonces resaltábamos la importancia del Club y del deporte como instrumento formativo, solían criticarnos: “esto es un Club con Colegio y no un Colegio con Club…” Hoy, a la vista de los datos expuestos, quizás tenían razón…

Fui alumno de la primera promoción del nivel medio (1955/59) y continué colaborando en distintas tareas hasta que, en 1964, me incorporé como Profesor de Educación Física con el mandato de crear el Departamento, reformular las clases de la materia y continuar con la formación y dirección de los equipos que nos representarían en los intercolegiales, lo cual ya había iniciado en 1961 desde el otrora Departamento Deportivo.

Fui muy feliz en un San Román que me formó como alumno y como persona, dándome además la posibilidad de realizarmi vocación docente. En él hice grandes amigos  y tuve la suerte de participar en las primeras etapas del nivel medio, en la cual se dio basamento a la gran escuela que hoy nos enorgullece.

Trabajé hasta 2009: 45 años ininterrumpidos que pasaron sin darme cuenta, pese a “vivir” en San Román de lunes a lunes… Dicen los sabios que quien consigue un trabajo que le agrade, no trabajará por el resto de su vida…
Hoy, el Salón de Juegos del Club y S.U.M. lleva mi nombre; un homenaje decidido por el Consejo Directivo a cuyos integrantes les agradezco profundamente tal honor.

Pero  homenaje y  honor no son solamente míos: implícitos en ellos están los profesores que me acompañaron y, fundamentalmente, los numerosos alumnos que integraron las Comisiones Directivas del Club Juvenil,que ofrendaronsus horas libres y esfuerzo personal al servicio de sus compañeros abriendo el Club  sábados y domingos, atendiendo el Buffet y el Salón de Juegos, arbitrando partidos, pintando, mejorando las instalaciones y soportando mis retos…

A todos ellos mi reconocimiento y mi gratitud. Sueño con que las generaciones que nos suceden y sucederán continúen haciendo crecer a nuestro querido e inolvidable Instituto San Román, logrando que la tarea educativa se supere día a día.


Siempre más, siempre mejor, siempre adelante!